Entre bastidores: La inteligencia artificial, el lenguaje y alguna que otra alucinación

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Imagina que le preguntas a la IA por un libro que nunca existió y, aún así, te lo describe con su título, autor y hasta una sinopsis creíble.

¿Qué ha pasado aquí? Me siento engañada. ¿Es un error? ¿Me está mintiendo? ¿Acaba de predecir el futuro lanzamiento de un bestseller?

Nada de eso. Lo que acaba de pasar es que ha tenido una alucinación, uno de los fenómenos más comentados, y mal entendidos, en el mundo de la Inteligencia Artificial.

Detrás de estas alucinaciones hay más ciencia y lenguaje de lo que parece.

Aunque la IA no pueda predecir el futuro, sí que está diseñada para predecir las palabras. Cuando esa predicción falla, la IA rellena los huecos con lo más probable para responder. Esta acción es la que se conoce como alucinación. No tiene que ver con visiones, delirios ni experiencias psicodélicas, simplemente es un término para describir un error.

Esto sucede porque no tiene una base de conocimientos superamplia y da la respuesta que considera más probable. Ella rellena, como el que quiere hacer una tortilla de patatas, pero sin patatas. No tiene sentido, pero la intención y el esfuerzo es lo que cuenta.

La Inteligencia Artificial no tiene intención ni voluntad, pero sí un proceso computacional en el que analiza, calcula y categoriza palabras. La categorización de palabras se parece al esfuerzo que hace un humano cuando habla: cada vez que quiere formular una frase, el cerebro lo anticipa.

La única diferencia es que, el humano sabe si está diciendo un disparate; la IA, sin embargo, no.

La IA es una herramienta llena de ciencia, pero profundamente lingüística, que construye frases a través de una base de datos (base de conocimiento) en la que entran en juego muchos factores (corpus de entrenamiento, reconocimiento de entidades, coherencia discursiva, ambigüedad del lenguaje, etc.) que dan como resultado una respuesta, en ocasiones, no acertada.

La ciencia forma parte del proceso de programación de este tipo de herramientas, pero la parte lingüística juega un papel crucial dentro de ese proceso. Se podría decir que la relación entre ambas es como una obra de teatro: la ciencia sería el escenario, la iluminación y los cables que sostienen la función, mientras que el lenguaje sería la actuación, el maquillaje, el vestuario y los ensayos interminables para que la actuación final salga a flote.

Son mundos distintos, pero son inseparables. Al final de la obra, ciencia y lenguaje saludan y se cierra el telón mientras se escuchan aplausos de ovación al maravilloso trabajo de todo el equipo teatral.

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