¿Eres la misma persona en todos los idiomas? Hay muchas personas que cuando aprenden idiomas notan que no suenan ni se sienten igual. No solo el vocabulario o el acento, sino también una pequeña parte de la personalidad.
Varios estudios dentro de la psicolingüística muestran que el idioma que usamos puede influir en cómo pensamos, sentimos y nos expresamos. La investigadora Susan Ervin-Tripp ya observó en los años 60 que las personas bilingües respondían de forma diferente la misma historia dependiendo del idioma.
Más tarde, la psicóloga Aneta Pavlenko demostró que muchos bilingües sienten que su forma de expresar emociones cambia según el idioma. También se ha visto que la lengua influye en decisiones y juicios.

El idioma describe la realidad y la moldea. Se activan distintas versiones de una persona.
Esto ocurre debido a varias razones. Por ejemplo, cada idioma tiene su propia forma de ser. No todos los idiomas funcionan igual, algunos son más directos, otros más emocionales y otros más formales.
Cuando se habla un idioma, la persona se adapta al estilo, y eso cambia cómo uno se expresa. A su vez, el idioma activa recuerdos y contextos. Las emociones no se sienten igual en todos los idiomas.

Aneta Pavlenko explica que los idioma funcionan como llaves que abren redes de memoria distintas: el primer idioma se aprende en contextos muy cargados emocionalmente, es por eso por lo que ese idioma queda «pegado» a las emociones de forma más intensa. La segunda lengua se suele aprender estudiando, con menos carga emocional (distancia emocional).
Hablar varios idiomas no solo amplía la visión del mundo, también amplía la identidad.
Cada lengua activa matices distintos de la personalidad. Afirma que no somos una versión fija, sino un conjunto de posibilidades que se expresan de maneras diferentes.




