El cerebro humano es una centralita a gran escala que controla todo lo que pasa por nuestro cuerpo. Toda centralita de operaciones tiene un enorme equipo que, sin él, no podría realizar el trabajo con éxito. La sala de operaciones consiste en el centro de mando (el cerebro) y varios departamentos especializados (lóbulo frontal o el sistema límbico) dependiendo de las necesidades o incidencias que surjan.
Los departamentos especializados necesitan conectarse constantemente con el centro de mando para que todo esté organizado y dar parte de cualquier situación, por lo que es necesario un sistema de redes complejo capaz de transmitir la información con rapidez y precisión.
Este sistema de conexión son las redes neuronales que funcionan a través de nodos (neuronas) interconectados. Un nodo por sí solo no es útil, requiere de una conexión con otros y para formar una red neuronal y transmitir toda la información.
La inteligencia y el razonamiento se almacenan y codifican en las neuronas y en sus conexiones, tanto en el cerebro humano como en el artificial.

La inteligencia Artificial pretende imitar esta centralita para lograr con total éxito todas las tareas que se le encomiendan. Sin embargo, existen tareas que requieren de un resultado más subjetivo que involucre sentimientos, sesgos, cultura… Responder de manera objetiva ante ciertas situaciones es una forma de inteligencia, pero también lo es sentir y empatizar.
Hay que tener en cuenta que existen distintos tipos de inteligencia y se debe dar importancia a todas.
La IA debe ser capaz de razonar, pero eso también implica ser capaz de alcanzar un grado, aunque sea mínimo, de inteligencia emocional porque, de lo contrario, el usuario podría desarrollar cierto disgusto o enfado al no sentirse incluido por el algoritmo de la IA en cuestión.
Por ejemplo, existen programas que contienen sesgo algorítmico: la presencia de errores repetitivos en el sistema informático que crean resultados injustos o políticamente incorrectos y que pueden hacer sufrir al interlocutor.
Existen multitud de casos superinteresantes sobre este tema, pero uno de los más famosos fue en 2015 cuando el sistema de Google Photos clasificó por error a varias personas negras como gorilas. En este caso el sistema se entrenó, en su mayoría, con imágenes de personas blancas, lo que provocó que la IA tuviera problemas a la hora de reconocer los rostros de personas negras.

La empresa se disculpó y eliminó las etiquetas «gorilas» «chimpancé» y «mono» del sistema. Esto subraya cómo los algoritmos de aprendizaje automático pueden amplificar los sesgos que tienen los propios datos con los que se entrena al sistema.
La IA no es infalible ni invencible, pero puede llegar a ser una centralita enorme y potente si tiene a un equipo detrás que esté pendiente de todas las necesidades que puedan surgir.
Crear una Inteligencia Artificial no es un acto, sino un proceso, una mente en constante evolución.




