Te despiertas a medias, todavía atrapado en el sueño y de repente te das cuenta de que estabas soñando en otro idioma. Para cualquier persona que esté aprendiendo una lengua nueva, la primera vez que sueña en ella se convierte casi en un hito.
El cerebro no apaga el lenguaje mientras dormimos.
Durante la fase REM, fase que se asocia a los sueños más vividos, siguen activas muchas de las mismas redes que utilizamos despiertos para producir y comprender el habla, aunque de forma menos controlada.
Es por esto por lo que los sueños con diálogo son bastante comunes.

Lo interesante en el campo del bilingüismo es que ese leguaje soñado no aparece porque sí, sino que refleja el peso que tiene cada idioma en ese momento en el que la mente descansa.
Existen estudios bilingües que avalan que la aparición del segundo idioma en los sueños suele acompañar al aumento de la fluidez.
Esto no quiere decir que soñar en otro idioma sea sinónimo de dominarlo, sino que muestra que existe la capacidad suficiente de dominio como para procesarlo de forma más automática sin traducir palabra por palabra.
También hay investigadores de Harvard que han estudiado esta cuestión y afirman que cuantos más años de inmersión y más uso cotidiano de la segunda lengua, más frecuente es soñar en ella.

Por otro lado, está el “idioma emocional”.
Existe un patrón en el que la lengua materna tiende a dominar en los sueños con más carga emocional como miedo, alegría intensa o discusiones.
El lenguaje del sueño tiende a tirar hacia esa lengua que primero archivó esa emoción, y no necesariamente a la que más se usa a diario.
Soñar en otro idioma coincide con la etapa en la que ese idioma ha dejado de ser un ejercicio consciente de traducción y ha empezado a convertirse en una vía directa de pensamiento.
Así que, si últimamente sueñas en otro idioma, aunque sea a ratos y de manera mezclada, tómatelo como una señal de que tu cerebro ya no está traduciendo, sino pensando directamente en él.
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